Ignacio Gracia NoriegaIgnacio Gracia Noriega


Gracia Noriega, Semblanzas

Ignacio Gracia Noriega

Gómez-Tabanera, el erudito insólito

Para mí, José Manuel Gómez-Tahonera es una «rara avis» en el cerrado mundo de la erudición española. «Rara avis» en el buen sentido, que no se vayan a tomar las cosas por la tremenda y volvamos a polemizar, Tabanera y yo, como lo hicimos a propósito de si Bobes tenía o no tenía un escritorio en la trastienda de su pulpería de Calabozo, y a consecuencia de lo cual él dice que yo le llamé «profesorcete», cosa que no recuerdo, pero él se mosqueó porque en un artículo mío sobre Bobes colocaron una ilustración suya, destinada a un escrito suyo sobre lo mismo, por lo que me pareció muy legítimo su mosqueo. Mas son cosas de los periódicos, amigo mío, y sobremanera de aquél, que carecía de rumbo, timonel y carta de marear. Gómez-Tabanera es una «rara avis» porque, miedo el país, donde los padres le inculcan a los hijos que hay que ir a la Universidad en busca del «modus vivendi», y los «fachas» piden «titulación» como la Policía pide el carnet de identidad en cualquier redada en el Barrio Chino. A Tabanera, nos consta a todos, la Universidad le costó dinero desde el día que la pisó por primera vez: le costó dinero, como a todos, porque hubo de pagarse la matrícula, imagino, y una vez licenciado y ya profesor, tuvo que seguir poniendo de su bolsillo lo que la Universidad no le proporcionaba para satisfacer sus ansias de conocimiento. José Manuel Gómez-Tabanera es un caso de vocación profunda y desinteresada: no hizo la «carrera» para vivir a costa del Estado, más o menos dignamente, como tantos otros, sino para adquirir algunos conocimientos, algunas técnicas, y aplicarlas a las cuestiones que más le interesaban. Pero lo malo es que a Tabanera le interesan muchísimas cosas, que puede agruparse bajo la vaga etiquetación de «antropología»; y este hombre, aunque no lo parezca, de variada actividad y que ha recorrido medio mundo, si no todo, que hizo frases publicitarias para películas de Cantinflas y de Jorge Negrote, que es soltero empedernido y de formas y usos un tanto decimonónicos, es un antropólogo en el sentido etimológico del término, acaso el único antropólogo español moderno; porque, como escribió Sófocles en «Antígona», sabe que «de cuantas maravillas pueblan el mundo, la mayor es el hombre»: por lo tanto, nada de lo humano le es ajeno: Por ello; lo mismo se preocupa por un dolmen que por editar en español a Flora Tristán, mujer de muchas campanillas y de mucha aventura, que fue adelantanda del socialismo utópico y abuela de Paul Gaugin. Y como buen erudito, Tabanera es observador y meticuloso, y así descubrió el otro día que la bandera de Asturias estaba colocada al revés en trascendente ceremonia oficial, lo que es un error imperdonable del muy heráldico asesor de imagen del señor presidente de la autonomía.

Tabanera no sólo es «rara avis» por su fervor, entusiasmo y dedicación hacia materias que sean susceptibles de un tratamiento erudito. Lo es también porque, además de haber escrito más que el Tostado, buena parte de su obra se publicó en los periódicos. Yo recuerdo varios artículos suyos, editados en La Nueva España y distribuidos por la agencia «Efe», que le sitúan como un aventajado seguidor de Louis Pauwels y Jacques Bergier en nuestro país; muchos de estos artículos, que eran interesantes y divertidos, los tengo recortados; y así me encuentro con una serie titulada «Ayer hizo mil años», distribuida en capítulos titulados «Adán desenmascarado» (La Nueva España, 24 de octubre de 1969); «¿Estuvo el Paraíso Terrenal en África del Sur?» (18-X-69); «Bajo el signo del Dios Toro» (24-X-87), etcétera. En ellos había historias que excitaban la imaginación al tiempo, que proporcionaban informaciones curiosas e interesantes, aunque el mapa que señala la situación de Chatal Hüyk en el Oriente próximo, en el artículo titulado «Bajo el signo de Dios Toro» (La Nueva España, 24-X-69), esté colocado al revés.

Yo nunca se lo pregunté a Tabanera, pero con toda seguridad que antes que a Gordon Childe leyó a Julio Verne, a Emilio Salgari y al capitán Mayne Reid: no como cualquier otro niño de su generación, sino como uno de los pocos miembros de esa generación que sigue siendo un niño. El erudito Tabanera es selectivo y se deja llevar por sus gustos; y esos gustos tienden hacia el exotismo, hacia los sucesos extraños y misteriosos y hacia personajes aventureros y singulares. En medio de sus investigaciones prehistóricas, Tabanera repara en el ovetense Bobes, el «Urogallo», y se queda con él, porque algo en el alma juvenil y aventurera de Tabanera le lleva a identificarse con personajes de este tipo: con el león-urogallo Bobes (ni más ni menos que un zoológico épico en sus apodos) o con Roberto Frassinelli, el «Alemán de Corao»: Hasta donde se me alcanza, Tabanera fue el primero en hablar de Frassinelli en una conferencia pronunciada en el Ateneo de Oviedo, hace un buen montón de años, y donde le describía corno a un personaje salido de un cuento de Hoffmann. En esto también Tabanera es un erudito insólito, y por lo tanto entrañable: porque procura que los objetos de su erudición no resulten nunca aburridos. O sea, que, a pesar de todo, prefiere la épica a la piedra.

La Nueva España · 13 agosto 1987