Ignacio Gracia NoriegaIgnacio Gracia Noriega


Gracia Noriega, Semblanzas

Ignacio Gracia Noriega

Joseph Brodsky: De «actividades parasitarias»

Una vez más, como viene siendo norma desde hace más de una década, el último premio Nóbel de Literatura, con cedido al poeta ruso Joseph Brodsky, residente en EE UL desde 1972, ha cogido de sor. presa a los lectores y críticos españoles; sorpresa que se basa más bien en el desconocimiento, porque Brodsky era candidato desde hace algunos años, y éste su nombre sonaba con insistencia. La sorpresa no hubiera sido menor de haber recaído el premio sobre otros candidatos: el estoniano Jan Kroos, los poetas Andrej Voznesenskij e Imants Zredonis, la escritora canadiense Margareth Atwood o el novelista chino Ba Jin. De la novelista norteamericana Carol Oates, lo mismo que del narrador soviético Tjingiz Ajtnatov, hay, por el contrario, varias obras traducidas.

Be Jin, a sus 83 años, lleva camino de convertirse en un candidato eterno. La razón de su candidatura está en que la literatura china todavía no ha sido galardonada; pero tampoco lo ha sido la portuguesa, con numerosos hablantes tanto en Portugal como en Brasil. El premio Nóbel no sólo se guía por unos criterios de carácter político, sino también geográfico. Con el galardón concedido a Wole Soyinka el año pasado, Africa, el único continente hasta entonces ausente en el catálogo de los premios, ya está representado, aunque se esperaba que esta representación le correspondiera a Leopold Sedar Senghor, mucho más conocido en Occidente. Por su parte, Oceanía está mal que bien representada en el premio concedido a Patrick White en 1973, que es, en rigor, un escritor inglés. Ba Jin pertenecía a una familia de mandarines y entendió que se cambia o no se cambia, y, decidido el cambio, lo más elemental que se le puede pedir a un escritor es que intente destruir su cultura, la caduca cultura dentro de la cual se habla desarrollado su obra. Las novelas de Ba Jin tienen por escenario la sociedad feudal china y su sentimentalismo exagerado le convirtió en un escritor popular. Aprovechando la «revolución cultural», Ba Jin arremetió contra su propia obra. Sin duda la experiencia fue muy provechosa para él. Al cabo de tanta revolución para que sólo cambiaran los rostros de los burócratas, Ba Jin se hizo escéptico y volvió con renovados bríos a la elaboración de sus libros. No obstante, el haber ido el año pasado el premio a Africa seguramente le ha perjudicado: la exquisita cortesía de los académicos suecos habrá percibido que no se debe premiar a un nigeriano y a un chino sucesivamente. Y además, es posible que consideren que Asia está ya suficientemente galardonada con los premios concedidos a Rabindranath Tagore (India, 1913), Samuel J. Agnon (Israel, 1966) y Yasunari Kawabata (Japón, 1968).

Joseph Brodsky, nacido en Leningrado en 1940, es el quinto escritor ruso galardonado con el premio Nóbel. No hemos de olvidar que León Tolstoi, muerto en 1910, tuvo diez oportunidades de recibirlo y, al cabo, no lo recibió. Asimismo, Brodsky es el segundo escritor que alcanza el premio residiendo fuera de Rusia: el otro fue Ivan Bunin, en 1933. Pero otro de los galardonados, Alexander I. Solzhenytsyn, premiado en 1970, abandonó Rusia después de muchas presiones y disgustos y en la actualidad reside, como Brodsky, en EE UU; y Boris Pasternak, premiado en 1958, no llegó a abandonar su país porque no le fue posible, y hubo de pasar por la humillación de renunciar al premio. De los cinco rusos galardonados, Bunin era un «ruso blanco», y Pasternak, Solzhenytsyn y ahora Brodsky, disidentes; «tan sólo el novelista Mijail A. Sholojov, premiado en 1965, es una figura literaria oficial, autor de «El Don apacible» y «Han luchado por la patria», y miémbro del Soviet Supremo.

El caso de Brodsky no es nuevo: incluso presenta un claro paralelismo con el poeta polaco Czeslaw Milosz, también residente en EE UU y galardonado en 1980. La Fundación Nóbel presta una extraordinaria atención a los disidentes soviéticos, como lo demuestra, en otro campo, el premio, de la Paz concedido a Andrej Sajarov. Con este premio, las posibilidades de Ajtnatov, que es un escritor que no se ha enfrentado al sistema y que publica habitualmente en «Literatura soviética», quedan reducidas al mínimo. Sin embargo, los premios Nóbel no son exactamente anticomunistas, sino antisoviéticos, y cuando hubieron de enmendar el escándalo provocado por el premió concedido a Pasternak, galardonaron al año siguiente al poeta italiano Salvatore Quasimodo, militante del PCI. Cuando se trata de galardonar a un escritor radical la Academia Sueca prefiere buscarlo en Hispanoamérica, como son los casos de Pablo Neruda y Gabriel García Márquez.

Por otra parte, Brodsky es la manifestación de que la Academia Sueca, últimamente, se fija en los poetas: en los últimos diez años han sido premiados Vicente Aleixandre, Odysseas, Elytis, Czeslaw Milosz y Jaroslaw Siefert. No está mal éste reconocimiento, sobre todo si se tiene en cuenta que a Brodsky se le acusaba en la URSS, por escribir poesía, de ejercer actividades parasitarias"

La Nueva España · 30 octubre 1987